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icono El Agua en distintos momentos de la vida.

• El agua y la actividad física

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Científicamente, se define como actividad física a la realización de una actividad que acelere el ritmo cardíaco y cause transpiración, en un lapso igual o mayor a 30 minutos. Es decir que la actividad física acelera los procesos de pérdida de agua del organismo.
La actividad física aumenta la necesidad de agua y, paralelamente, también aumenta la pérdida de transpiración necesaria para el intercambio de temperatura a través de la evaporación.
Las necesidades diarias de líquido para cualquier gasto de energía en climas templados (20°C) pueden triplicarse en climas muy calurosos (40°C). Además de la temperatura del aire, los factores ambientales también pueden modificar las pérdidas de transpiración; estos factores incluyen la humedad relativa, el aire, la cantidad de sol y la elección con respecto a la vestimenta para protegerse de estas características climáticas. Por lo tanto, es lógico que la pérdida de agua y, como resultado, las necesidades de hidratación, entre personas que realizan actividad moderada varíen considerablemente en condiciones cambiantes.
La pérdida de agua de 1,4 lt. causada por la actividad moderada diaria aumentará la necesidad diaria de hidratación cerca del 45%.
La actividad física aumenta la necesidad y la pérdida de agua por lo tanto las recomendaciones para la hidratación deberán contemplar el tipo de actividad y los factores medioambientales de cada caso en particular.

icono Termorregulación

El sistema que controla la temperatura del cuerpo se denomina termorregulación. Al realizar actividad física o trabajos que implican esfuerzo físico, aumentan el ritmo metabólico y el calor corporal. El calor corporal es, de hecho, la manera en que se libera el 80% de la energía del organismo.
Es necesario liberar este calor extra para que el cuerpo pueda mantener una temperatura constante de 37°C durante el reposo o 38ºC al realizar actividad física. La transpiración es una forma importante en que el organismo se enfría, al transferir calor a través de líquido a la superficie de la piel. Luego este líquido se evapora para crear un efecto de enfriamiento. Si el organismo no cuenta con la cantidad de líquido necesaria, entonces no puede transpirar adecuadamente y no puede enfriarse. Si en circunstancias extremas, la temperatura corporal subiera a 41°C y el cuerpo no pudiera transpirar, las consecuencias podrían ser fatales.

El reposo, aún en lugares relativamente frescos, conlleva una pérdida promedio de 500 ml por día. Dicha cantidad aumenta a medida que aumenta la temperatura ambiente.

icono Corazón

La sangre es 83% de agua, además de nutrientes y oxígeno. La deshidratación y la actividad física aceleran el ritmo cardíaco por encima de su nivel normal (60 a 100 latidos por minuto). El aumento de osmolaridad sanguínea, provocado por la deshidratación, estimulará la liberación de vasopresina para aumentar la retención de agua. Este proceso fuerza el funcionamiento de varios sistemas e interrumpe la eliminación de deshechos.

icono Músculos

Al realizar actividad física los músculos trabajan más y para ello necesitan sangre que les proporcione más oxígeno y nutrientes. Si la sangre no puede brindarle los nutrientes suficientes a los músculos, entonces éstos y los tendones no rinden adecuadamente y se vuelven más propensos a sufrir desgarros.
El agua también afecta la función de los músculos ya que están compuestos por un 75.6% de agua y la deshidratación podría impedir la flexibilidad de las fibras musculares.
Para prevenir contracturas y daños musculares, y para poder rendir al máximo, es necesario asegurarse de consumir agua antes, durante y después de realizar actividad física.

icono Pulmones

Recuerda que cada vez que respiramos, exhalamos agua vaporizada. El ritmo respiratorio normal, cuando el cuerpo está en reposo, es de alrededor de 12 respiraciones por minuto. A este ritmo, exhalamos 12,5 ml de agua por hora. Durante la actividad física, el ritmo respiratorio puede aumentar entre 35 a 70 respiraciones por minuto, que corresponde a una pérdida de casi 50ml de agua vaporizada por hora.
Para compensar la pérdida de agua como consecuencia de la respiración, incluso cuando estamos inactivos, recuerda consumir agua durante el día.

icono Cerebro

El cerebro es otro factor clave en el equilibrio hídrico, especialmente en una región llamada hipotálamo.
El hipotálamo tiene muchas funciones, inclusive siente si estamos deshidratados. Hace esto al ayudar al corazón a verificar el volumen, la densidad y la concentración de la sangre, técnicamente conocido como osmolaridad. Cuando el hipotálamo siente una alta osmolaridad de la sangre, envía al cerebro la sensación de sed. Los estudios han demostrado que esta sensación sólo aparece luego de haber perdido el 1 a 2% de nuestro peso en agua. Eso significa que para el momento en que sentimos sed, ya estamos deshidratados. Cuando presentamos una deshidratación grave, la sed puede disiparse al tomar sólo un poco de agua, incluso si no compensamos totalmente toda el agua que perdimos. De modo que nuestro mecanismo de sed puede fallar justo en el momento en que más lo necesitamos.
El agua es un componente esencial de varios tipos de células de nuestro cerebro y éstas, a su vez, están rodeadas de líquido. Todos los intercambios entre las células y sus funciones, como la de enviar información, requieren de agua.
La deshidratación hace que forcemos al cerebro. Los estudios han demostrado que puede causar jaquecas y prolongar las migrañas. Otros estudios afirman que incluso períodos cortos de deshidratación pueden hacernos sentir cansados y menos atentos, por lo que debemos hacer un esfuerzo para mantenernos concentrados.
Para asegurarnos de que el centro de comandos de nuestro organismo funcione debidamente, debemos proporcionarle el agua que necesita durante todo el día.

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